BIENVENIDOS

¡Hola a tod@s!
Soy la creadora de este blog, mi nombre es Anet, y realmente espero que lean todos los capitulos de esta maravillosa historia, esperando que disfruten cada uno de los capitulos que estan aqui, dentro de este blog.


julio 13, 2011

LIBRO 1 Capitulo 8

8. PASADO



Era una cálida mañana de sábado, y Ana se encontraba dormida. Abrió los ojos un poco, temiendo encontrarse con el reloj. “Aún es muy temprano… son las 11 de la mañana”, pensó al tiempo en que volvía a cerrar sus ojos intentando conciliar el sueño nuevamente.  En ese momento, escuchó que alguien entraba en su habitación. Era Sofía, la señora que hacia más de unos días había comenzado a trabajar en la nueva casa, a la cual Ana ya le había tomado un gran cariño, pues para ella, era como tener la abuela que nunca había tenido. Una abuela que ni siquiera la había reconocido como su nieta.
-Señorita…- dijo Sofía al acercarse a Ana y darle el       teléfono –La buscan-
-¿Bueno?- preguntó la chica medio adormilada.
-¡Hola!- exclamó Jorge desde el otro lado simulando estar realmente contento - ¿Tienes algo importante que hacer hoy?-
-No… Pero, ¿Por qué hablas en plena madrugada?-
-¿Madrugada?- preguntó Jorge –Pero… si son las 11 de la mañana-
-¡¿Qué?!- exclamó Ana asustada –Entonces aún es muy temprano-
-Bueno… como sea, te veo en 1 hora en la parada del bus- dijo Jorge antes de colgar.
-No… ¡Tengo que meterme a bañar!- agregó la chica justo antes de levantarse de la cama de un salto.
Se vistió y arreglo tan rápido como pudo, ya que después de todo, se había dado cuenta que desde que había comenzado a salir con Jorge, se tardaba mucho más en arreglarse que cuando era solo una adolescente normal.

-Hermano… regresaré a las 5- dijo la Ana desde la estancia mientras se abrigaba, puesto que afuera, había comenzado a nevar nuevamente. Un frío invierno amenazaba con golpear la ciudad durante ese año. Un invierno que para esos días ya estaba presente en Valle del Rey
-Está bien… solo mantén el celular encendido-
-Claro-
Ana salió apuradísima de su casa. Después de todo, la parada del autobús le quedaba un poco lejos. Pero, sin embargo, cuando llego, se dio cuenta de que Jorge aún no había llegado.
-“Demonios… está helando y Jorge se da el gusto de llegar tarde”-
En ese momento, observó que en la contra esquina, en la calle de enfrente, habían inaugurado una nueva plaza comercial. Pensó por un momento en quedarse esperando ahí afuera, pero después de que una fría corriente pasó por su cara, no dudó y entró en la plaza comercial.
Observó diversos aparadores, pero se quedó totalmente impresionada al observar dos dijes en forma de estrella dentro de una pequeña tienda departamental, de accesorios y joyería.
-¡Que hermosos!- exclamó Ana al verlos irradiando una extraña aura llena de éxtasis.
-¿Puedo ayudarte?- preguntó una hermosa joven que se acercó a atenderle.
-No, solamente estoy viendo-
-¡Ana!- exclamó Jorge desde tras suyo mientras se sacudía su chamarra de la nieve que había caído sobre ella.
-Ah, Jorge…-
-¡Idiota!.... ¿Te das cuenta de lo frío que esta allá afuera?-
-Jo… entre a la plaza, por que llegué antes que tú…-
-O… eso explica muchas cosas-
-Entonces, ¿Nos vamos?-
-¿A dónde?-
-¿Cómo que a donde?... tú me invitaste a venir-
-Oh… es que solo quería estar contigo-
En ese momento, Ana se sonrojó impresionada ante la respuesta de su entonces ’novio’.
-“No entiendo por que me da pena… ya nos hemos besado antes… pero, el que Jorge diga estas palabras… hace que me sienta muy feliz”- pensó.
-Mmm… entonces vayamos a ver los otros lugares de esta plaza comercial- dijo sonriendo el chico mientras tomaba la fría, pero a la vez cálida mano de Ana.

Después de que Ana volvió a su casa, ni Jorge ni ella volvieron a hablar durante un semana, puesto que en la preparatoria, estaba siendo celebrada “La semana de ciencias”, y los representantes de cada salón, eran los encargados de organizar los eventos de la semana. Justo el último día en que terminaban las actividades, Ana y Jorge habían quedado de volver juntos a sus casas. Pero, sin embargo, Ana tuvo que asistir a una junta de improviso, por lo que Jorge decidió esperarla en el salón. Después de una semana tan revuelta, lo único y último que querían ambos adolescentes era estar juntos.
-“Ana… por que tardas tanto… demonios, yo que quería pasar este día con ella”- pensó Jorge mientras se quitaba los auriculares de su reproductor de música.
En ese instante, Karina entró al salón, sigilosamente como siempre lo hacía. Jorge la miró fijamente de frente, pero la chica jamás volteó a verlo. Ella se dirigió a su banca, y tomó sus cosas rápidamente, estaba por salir, cuando casi intentado repetir una escena anterior, tomó su pequeña gorra con la misma gracia que lo había hecho aquel 13 de mayo. Al verla, Jorge recordó lo que había pasado hacía más 6 meses.
Acaba de transcurrir una semana, desde que Lucía había muerto al lado de su ex-novio en los atentados del 6 de mayo, Karina sabía sobre los sentimientos que Jorge tenía en esos momentos. Ambos se encontraban en la misma situación, pues Karina, había entrado también, en aquel entonces al salón de secundaria, justo cuando Jorge estaba solo.
-¿Ese gorro no es de tu hermana?- preguntó Jorge al verla mientras se colocaba el pequeño gorro blanco sobre la cabeza.
-No, es mío… ella suele agarrar las cosas sin mi permiso…-
-Valla… veo que ni siquiera la conocí bien-
-Está bien, no te culpes…después de todo, ella te engañó primero-
Jorge, al escucharla, se acercó hacia donde Karina se encontraba y la arrinconó fuertemente sin importarle la fragilidad que inspiraba la chica.
-Tú y ella… son de lo peor-
En ese momento el silencio se hizo presente entre ambos jóvenes. Un momento lleno de tensión cargo la habitación por completo. Podían sentir las respiraciones uno del otro, pues estaban tan cerca que casi podían escuchar sus propios latidos.
-No me compares con ella…- dijo Karina el tiempo en que agachaba la mirada.
Jorge al verla sollozar, se acercó aún más a ella tiernamente y la besó. Después de eso, ambos bajaron al gimnasio, el cual, para esos días de Diciembre, ya estaba completamente vacío, y ahí, tuvieron sexo. La primera vez de los dos.

Después de que Jorge recordara eso, y de que volviera en sí, se levantó de un pequeño salto, y salió del salón a toda prisa. Caminó hasta la entrada de la preparatoria, cuando justo en ese instante notó que alguien lo seguía de cerca, así que volteó y dándose  cuenta de que era Ana.
-Pensé que te tardabas más- agregó el chico al verla.
-Si… yo también pensé lo mismo, por eso te envíe el mensaje… pero hace rato que te lo envié, ¿Qué estuviste haciendo durante todo este rato?-
-Recordando… momentos de mi vida que quisiera con todas mis fuerzas, poder cambiar-
Ana, al escucharlo, se dio cuenta inmediatamente de que se trataba de Lucía, la ex-novia de Jorge. Estaba claro que Jorge aún no había asimilado del todo la muerte de su ex-novia.
-Dime… ¿Aún sientes algo por Lucía?- preguntó la joven un poco entristecida y casi susurrando.
-Por supuesto que no- aseguró su novio en voz alta.
-No dejemos que nuestro pasado se involucre en nuestro presente-
-¿A qué te refieres?-
-No dejemos que el recuerdo de Lucía se involucre en nuestra nueva relación-
-Ana… te quiero… y sinceramente, quisiera con todas mis fuerzas, poder reescribir mi pasado, pero no puedo, por eso ahora lo único que puedo hacer es cargar con la culpa de mis errores…lo siento, solo dame tiempo-
-Bien… entonces… hagamos que esa gran carga, poco a poco valla disminuyendo… juntos… yo sé que lo lograremos-

julio 12, 2011

LIBRO 1 Capitulo 7

7. PROMESA



-¡Ana! ¡He vuelto!- exclamó su hermano desde la estancia de la casa mientras cargaba un par de maletas. Al escucharlo, la chica bajó inmediatamente de su habitación.
-¿Cómo le ha ido en su viaje, señor?- preguntó Sofía, la señora que se encargaba de la casa desde hacía más de dos semanas, y con la cual, Ana se había llevado desde el principio excelentemente.
-Bien, Sofía… y llámame Daniel, aún no soy demasiado viejo como para que llames ‘señor’-
-¡Hermano!- gritó Ana llena de felicidad al tiempo en que se abalanzaba sobre él -¡Estás empapado!-
-Si, por si no te has dado cuenta, ya ha comenzado a nevar-
Al escucharlo, la chica corrió rápidamente hacia el gran ventanal de la sala, dándose cuenta de que efectivamente, la primera nevada del invierno había comenzado muy temprano ese año.
-Este año… ¿Pasaremos la navidad juntos?-
-Si, pero cuando salgas de vacaciones de invierno, iremos juntos a Inglaterra-
-¿Inglaterra?-
-Si, los padres de Bianca, viven allá, y nos han invitado a pasar las vacaciones navideñas junto a ellos-
-Será fantástico-
 -Lo creo, pero de eso hablaremos después, ahora estoy muy cansado por el viaje, así que iré a dormir-
-Está bien, que descanses- dijo Ana sonriendo, al tiempo en que pensaba –“Desde que papá murió, él siempre ha cuidado de mí… ahora que ya no tengo a mi madre, él ha tomado la decisión de darme el padre que nunca he tenido… pero creo que nunca se ha dado cuenta, de que yo siempre lo he visto de esa forma”-

El invierno había llegado a la ciudad. A la mañana siguiente, el clima no había cambiado en nada, pues la nieve continuaba cayendo.
-¡Ya me voy!- exclamó Ana desde la estancia mientras abrochaba son pequeñas botas de pana.
-OK… que te valla bien- respondió Daniel desde su recamara, mientras estiraba los brazos en respuesta al buen descanso que había recibido.
La calle por la que Ana pasaba para ir a la preparatoria se encontraba totalmente cubierta de nieve. Era realmente impresionante el observar toda aquella gran cantidad de hielo sobre el suelo. Unas blancura que solo podía reflejar la pureza del corazón de aquella entonces joven chica, que aún creía que la frase ‘y vivieron felices por siempre’ existía.
-“Es cierto”- pensó Ana al recordar lo que su hermano le había dicho sobre el viaje a Inglaterra, un viaje que se efectuaría  durante la Navidad –“Hasta ahora nunca he estado con alguien especial durante estas fechas… pero este año es diferente, el problema es que a Jorge se le dan mejor estas cosas mejor que a mí… así que tengo que ir con cuidado para que no me diga algo como ‘Que estúpido’ a lo que le regale”-
La chica llegó un poco temprano a la preparatoria, pues había tomado su tiempo por si algún problema surgía con la nieve.
-Hola- dijo Jorge al entrar al salón y quitarse una bufanda de color azul.
-Hola- respondió Ana al saludo –Jorge, quiero preguntarte algo, dime…-
-Hey, Jorge, mira tienes que ver esto- agregó David mientras entraba al salón a toda prisa.
-Hey… ¿Qué demonios es eso?- le confrontó el interpelado alejándose de la chica.
-Descuida… él es así- agregó Alejandra al tiempo en que se sentaba al lado de Ana.
-Es tan infantil-
-Por cierto… ¿Estudiaste?-
-¿Para qué?-
-Hoy tenemos examen de ingles, ¿lo has olvidado?-
-¿Qué?... ¡Lo olvide por completo!-

Ese día, no fue uno de los mejores para Ana, tal vez por que había olvidado estudiar para el examen de ese día, o quizás por que el examen no era de su clase favorita. Aunque, a pesar de de no haberse preparado para la evaluación, la joven logró aprobar el examen con un 8, ya que había tomado unos cuantos cursos del idioma extranjero en su antigua ciudad. Sabía hablar el idioma Ingles excelentemente, pero lo único que le había fallado en la prueba había sido la parte teórica.
Unos minutos antes de que el timbre de la salida tocara, la nieve comenzó a caer nuevamente. Ana y Jorge decidieron salir juntos de la preparatoria, puesto que así, disfrutarían ambos la compañía el uno del otro por mucho más tiempo. Iban casi en la puerta de salida, cuando Jorge recordó que había olvidado su bufanda en el salón de clases, así que decidió volver por ella. Ana le propuso que mientras él regresaba por su bufanda, ella lo esperaría afuera con algo de chocolate caliente. Jorge entró corriendo al 2° edificio, que era el lugar, en el que se encontraba el salón de su grupo. Ana se acomodó el cabello tan pronto como le vio marcharse, cuando justo en ese momento, vio que David acababa de salir del laboratorio de biología.
-¿Qué haces aquí?- preguntó el chico al verla en medio de tanto frío.
-Estoy esperando a Jorge, ha regresado al salón por su bufanda- contestó Ana sonriendo –David… ¿Te puedo pedir un favor?-
-Claro-
-¿Me podrías ayudar a escoger un regalo de Navidad para Jorge?-
-Por supuesto- agregó David al tiempo en que comenzaba a marcharse –Después me dices la fecha y el lugar-
-Sí-
Después de que David logró perder de vista a Ana, corrió tan rápido como pudo, y al doblar en la esquina en la que tomaba el autobús, se detuvo de golpe. Miro el blanco suelo, y tomó una gran bocanada de aire, intentando recuperar el aliento.
-“No…”- pensó al tiempo en que recordaba la cara de Ana sonriente –“No puede estar repitiéndose la misma historia”-

-¿Qué pasa?- preguntó Jorge al ver a Ana tan pensativa y por primera vez hablando para si misma en voz baja.
-Nada… ¿Encontraste la bufanda?-
-Sí-
Ambos jóvenes comenzaron a caminar. La nieve comenzó a caer de manera un poco más suave. Llegaron al parque que se encontraba cerca de la casa de Jorge. Ambos se sentaron en una banca, pues Jorge aún no quería llegar a su casa, puesto que si llegaba temprano, le tocaría hacer la cena. El silencio volvió a reinar entre ellos. Un cálido rose dentro del corazón de la chica la impulsó a preguntar algo que le parecía imposible hacer.
-Jorge… ¿Qué quieres por Navidad?- preguntó Ana sin ver la cara del chico.  Estaba tan avergonzada por preguntar semejante cosa, que se agacho disimuladamente a hacer una pequeña bola de nieve.
-¡Te quiero a ti!-
-¡Responde bien!- contestó la joven lanzándole la bola de hielo.
-Pero… estaba hablando en serio-
-Nunca pensé que fueses tan estúpido… eres muy infantil, ¿lo sabías?-
-Dame tu mano- agregó Jorge al tiempo en que alzaba la suya. Ana levantó su mano, y el chico la tomó.
-Jorge… ¿Por qué yo?- preguntó Ana mirando por primera vez fijamente aquellos ojos color chocolate que la mantenían concentrada -¿Por qué… te enamoraste de mí?-
-Ya te lo he dicho, desde siempre te he querido…- contestó el chico justo cuando levantaba su mirada al cielo.
-Vale…- dijo ella vagamente al tiempo en que se ponía de pie –Vámonos-
Jorge sonrió al escucharla. Para Ana era muy difícil mantener la concentración cuando la cálida mano de Jorge apretaba la suya. Un apretón suave, pero a la vez fuerte, una mano fría por el clima, pero ardiendo por amor. Comenzaron a caminar lentamente.
-Ana…- agregó Jorge en voz baja –Ya sé que quiero como regalo de Navidad…-
-“Está calidez… es solo mía”- pensó la joven sin prestar atención a lo que Jorge decía –Entonces, ¿Qué quieres?-
-Prométeme que vas a quedarte conmigo siempre… que si no me amas me lo dirás-
-Por supuesto que te lo diré-
-No te lo tomes a juego… te lo estoy diciendo en serio, así que piénsalo antes de darme una respuesta-
Dos pequeñas gotas mancharon la bufanda azul. La mano que Ana sostenía, repentinamente se balanceó hacia adelante.
-¿Jorge?- preguntó Ana otra vez, justo al tiempo en que tocaba la mejilla del chico.
-Está bien…- agregó Jorge al tiempo en que comenzaba a reír –Hacía mucho tiempo que tenía ganas de hacer esto-
-Pero… ¿llorar?-
-Para serte sincero- agregó nuevamente él, mientras agachaba su cabeza intentando limpiar las pequeñas lágrimas –Pensé que no sería capaz de volver a salir con alguien… ¿Acaso es divertido?... sobre algo tan pequeño como esto-
-¿Sobre algo tan pequeño como esto?-
-Ella… estaba con el chico al que amaba… nunca sentiré pena por ella…-
Al escucharlo, la joven guardo silencio. Comenzaron a caminar nuevamente, al tiempo en que nuevamente pequeños copos de nieve comenzaban a caer del cielo.
-Quiero… que estés a mi lado, que siempre estés junto a mí…-
En ese instante, ambos jóvenes se abrazaron. Habían progresado mucho más de lo que esperaban. Aquella imagen de ambos, repentinamente se transformó en una pequeña paradoja dentro de la mente de Ana. Entonces, ella logró escuchar como dos pequeñas campanillas sonaban dentro de su corazón, las cuales emitían un sonido lleno de dolor y tristeza.
-“Puedo escucharlo… lo sé”- pensó Ana abrazando aún con más fuerza a su novio –“La voz del corazón de Jorge… está llorando”-

julio 11, 2011

LIBRO 1 Capitulo 6

6. CITA



-“Demonios… no he pegado los ojos en toda la noche, debo tener los ojos completamente hinchados”- pensaba Ana, que aún permanecía recostada en la cama. Acababa de amanecer. Su casa estaba completamente vacía, puesto que su hermano se encontraba de viaje, lo cual a Ana le parecía muy normal. 
Se levantó y se metió al baño lentamente, sin dejar de pensar en la noche anterior; salió del baño después de 20 minutos, se vistió lentamente, mientras veía el reflejo de una chica con la mirada ida y soñolienta. Bajó a la cocina para desayunar, y mientras hacía toda la rutina diaria, seguía pensando en lo mismo: la tarde anterior.
-Aún no me lo creo, ¿fue un sueño?... no, fue real… las estrellas, la luna, Jorge y yo- gritó alegremente -¡FUE REAL!-

Salió de su casa muy temprano, y caminó lentamente hacia la preparatoria. Llegó a la escuela, cuando ya había algunos alumnos. Se dirigió lentamente a su salón, pues parecía que los pies le pesaban. Entró, y justo en ese instante se encontró con Jorge.
-Buenos días- dijo él al verla.
-Buenos días- contestó ella sin siquiera mirarlo al mismo tiempo en que sus mejillas adquirían un cierto color brillante.
Ninguno de los dos cruzó miradas por más de tres segundos. Estaban por hablar, por verse las caras avergonzadas,  cuando en ese instante, llegaron las amigas de Ana.
-Así te quería agarrar- dijo Wiin casi gritando.
-¿Qué?
-Supongo que tienes algo que contarnos, cuñadita- respondió Anilec con aquella sonrisa pícara que solía mostrar al enterarse de las situaciones vergonzosas de las personas que le rodeaban.
-¡Demonios!- exclamó Ana totalmente sonrojada -¡Nos han visto!-
-No te preocupes Ana… solo nosotros lo sabemos- dijo Alejandra al tiempo en que abrazaba a la chica. Después de todo, su mejor amiga era quien la tomaba entre sus brazos. Aquella que por sobre las demás se alzaba de manera victoriosa con cierto aire de franqueza y de amistad. Una complicidad secreta que solamente existía entre ellas dos.
-Por cierto… ¿Por qué tienes la cara toda hinchada?.
-¿Qué?-
-Sí, totalmente hinchada.
Ana al escuchar el comentario de su amiga, inmediatamente bajó su mochila y comenzó a buscar algo dentro de ella de una forma desesperante. Después de unos cuantos segundos, sacó un pequeño espejo y miró su reflejo en el. No logró encontrar los hermosos ojos color chocolate en aquella chica que tenía la cara totalmente ruborizada.
-Quizá fue por que no pude dormir anoche-
-Si, fue por eso o por el beso…- agregó Alejandra entre pequeñas risas.
En ese instante, el timbre que indicaba el inicio de la primera hora de clase, sonó, y los chicos comenzaron a sentarse, cada uno en sus bancas.
Después de pasar todo un duro día escolar, Jorge finalmente logró hablar con Ana. Se acercó con una pequeña libreta en las manos y permaneció de pie junto a ella.
-¿Qué pasa?- preguntó la chica al verlo, evitando encontrarse con los ojos del joven.
-Hoy tienes junta en el salón de la clase 6-b a las 3 de la tarde; los representantes se reunirán para la planeación de los programas de los meses de Noviembre y Diciembre-
-OK, hoy junta a las 2-
-No… la junta es a las 3, también recuerda que mañana hay examen de ingles, y  no olvides que el domingo hay una reunión en la casa de David, por cierto acuérdate también que hoy terminas conmigo en el cine, ósea tendremos una cita-
-Hoy junta a las 3; el sábado, examen de ingles; domingo, reunión en casa de David, mañana cine-
-Repite conmigo: Hoy junta a las 3, mañana examen de ingles, domingo, reunión en casa de David, y hoy salida al cine.
-Hoy junta a las 3, mañana examen de ingles, domingo, reunión en casa de David, y hoy salida al cine- contesto la chica tomando sus dedos intentando contabilizar las actividades próximas a planear.
-Creo que ya lo aprendiste- dijo Jorge sonriendo de manera sutil y alegre, al tiempo en que salía del salón.
-Si… hoy junta y salida al cine- dijo Ana para si             misma casi susurrando -¿Salida al cine? ¿Una cita?-
Al comprender las palabras de Jorge, su corazón saltó de felicidad. Realmente no esperaba que él la invitara de esa manera, pero, lo verdaderamente importante en esos momentos, era que tendría una cita con él.
Las clases comenzaron nuevamente, después de que el receso acabara, y el día escolar pasó demasiado rápido, pero justo antes de que la última clase terminara, Ana se quedó dormida sobre su banca.
La última clase terminó, y como sus amigas sabían que la chica no había logrado dormir la noche anterior debido a todas las emociones que había tenido, decidieron dejarla en paz. Pasaron 2 horas, dos horas en las cuales Ana durmió plácidamente sin siquiera darse cuenta de que el tiempo transcurría más rápido que sus propios sueños.  No fue sino, hasta que el sonido del silbato del entrenador de basquetbol llegó hasta sus oídos cuando Ana logró volver al mundo real. Un mundo que en aquél entonces le resultaba bueno y sincero… el mundo en el cual, en esos momentos era iluminado con un enorme sol, un astro rey llamado Jorge.
-¿Dónde estoy?... ammm, me quedé dormida, todos se han ido, ¡La junta!, ¡Lo olvidé!- dijo Ana al tiempo en que se levantaba de su banca. Casi por instinto, volteó a ver el reloj solo para darse cuanta de algo que inconscientemente ya sabía: era más tarde de lo esperado.  Corrió a toda velocidad hacia la puerta del salón, y al salir chocó con una persona. Ella cayó al suelo, y la otra persona solamente logró tambalearse, tal y como lo hacen las personas mareadas.
-¿Estás bien?- preguntó Jorge, mientras le tendía la mano para levantarla del suelo –Arriba-
-Si, no se preocupe, fue mi culpa… ¡Jorge!... ¿Qué haces aquí?- dijo Ana mientras sus ojos se ponían como dos enormes platos - ¿No te tenías que haber ido ya?-
-Si, yo también estoy bien, gracias por preguntar-
-Lo siento… es solo que-
-Como te quedaste profundamente dormida, no quise despertarte, así que fui a la junta en tu lugar… mira tienes que hacer todo lo que dicen estas hojas…-
-“No lo entiendo”- pensó Ana mientras tomaba las hojas que Jorge sostenía con sus manos. No pareció tomarle importancia, pues sus ojos solamente podían prestar atención a una cosa: la belleza que ellos podían ver a través de aquella persona. A través de Jorge –“Quizás, él actúe de esa forma tan inmadura, pero, cuando lo conoces bien, te puedes dar cuenta de la verdadera forma en que actúa… él pudo haberme despertado… más sin embargo… no lo hizo, por que le preocupé”-
-Entonces, ¿Nos vamos al cine?-
-Si- contestó la chica sonriendo.
Salieron de la preparatoria casi a las 5 de la tarde. Tomaron un autobús rumbo al centro de la ciudad. Cuando subieron al transporte, se dieron cuenta de que solamente quedaba un lugar vacío. Un único lugar vacío. Definitivamente seguían siendo amigos, pero estaba claro que la única diferencia en esos momentos,  era que  ella le pertenecía a él y que él le pertenecía a ella.
-Vamos, siéntate- dijo Jorge al tiempo en que le cedía el lugar a la joven.
-Pero… ¿Y tú?-
-No te preocupes por mí, siéntate-
Ana tomó asiento. Sentía una extraña sensación, estaba realmente nerviosa. Al llegar al centro comercial de la ciudad, bajaron y entraron al cine. Compraron las entradas, y se dieron cuenta de que, como la película comenzaría en unos cuantos minutos, ambos tenían la oportunidad de comprar algunas cosas antes de entrar en la sala de cine.
-¿Quieres algo?- preguntó Jorge sacando su pequeña cartera.
-¿Eh?, Si, creo que estarán bien unas palomitas y un refresco- contestó Ana al tiempo en que también  mostraba su pequeño monedero.
-No te preocupes, yo las pago-
-Pero…-
-Está bien, después de todo no voy a permitir que sea mi novia quien se compre sus cosas cuando tenemos una cita-
-“Genial”- pensó la chica recordando la forma en la que los delgados labios de Jorge habían pronunciado la palabra ‘novia’ –“Estoy actuando como una tonta, quizás sea por que nunca he salido con alguien… o tal vez son mis nervios”-

Entraron a la sala de cine, y se sentaron los dos juntos. Y a pesar de todo el tiempo en que habían estado juntos, ninguno de los dos logró articular palabra alguna. El nerviosismo entre la joven pareja era más que evidente. Tanto que podía decirse que cualquier persona que no los conociese hubiera logrado adivinar que estaban en una cita. Para ser mas exactos, ambos tomaban esa cita como su primera cita, puesto que pensaban en esa relación como si fuese algo mucho más real y mucho más seria.
-¿Puedo apoyar mi brazo en tu apoyabrazos?, claro si no te molesta- preguntó Jorge sonriendo alegremente. Una sonrisa que mostraba los blancos dientes del chico.
-Seguro-
-Si quieres tú también puedes recargar tu brazo-
En ese instante, la película dio comienzo. La trama era más que interesante, pues trataba de una mujer indecisa que se había enamorado de un hombre muy guapo, pero debido a sus indecisiones, aquel apuesto hombre, terminó casándose con la mejor amiga de la chica.
La película estaba por terminar, justo cuando Jorge, discretamente movió su mano, tratando de llamar la atención de su novia. Ana observó la extraña acción del chico. Un movimiento inusual después de tanto tiempo. Siguió viendo la película sin darle la menor importancia al movimiento indiscreto. Fue entonces, que su mente se detuvo en seco.
-“Quizá… ha tenido apoyado el brazo en la mitad del apoyabrazos, para que yo también ponga mi mano”-
Entonces, apoyó discretamente su brazo junto al de Jorge. Ambos sonrieron después de unos cuantos segundos. La razón de esta sonrisa, era que ella y él, se habían tomado de la mano. Un cálido y fuerte apretón de manos.
Cuando la película termino ya era un poco tarde, así que Jorge decidió, acompañar a Ana a su casa. Decidieron volver caminando, justo por la misma callecita empedrada de siempre, cuando notaron que las primeras estrellas habían comenzado a salir. Las puestas de sol duraban más durante los veranos. Y ese día, el cielo estaba completamente despejado.
-¿Cuál fue tu parte favorita de la película, Jorge?- preguntó la chica un poco menos avergonzada, puesto que ya se sentía capaz de pronunciar palabras tales como ‘novio’ ‘amor’ ‘te quiero’.
-Ammm… cuando nos tomamos de las manos-
Ambos guardaron silencio, al mismo tiempo en que reían por dentro.
-Oye, mañana te pagaré lo de las palomitas y el refresco-
-No tienes que hacerlo, siempre haré esto por ti, ya te lo dije hoy en el cine…  después de todo, tú estas adentro-
-¿Adentro?-
-Si, mira, yo clasifico a las personas de acuerdo a mí círculo afectivo. Es decir, tengo a personas que están dentro de este círculo, y otras que no lo están. Las personas que están dentro, son las personas que verdaderamente son importantes para mí-
-Entonces, ¿soy importante?-
-Muy importante… desde hace mucho tiempo que eres importante para mí-
-¿En serio? ¿Desde cuando?-
-Mmm… creo que fue cuando tenía 12 años, por más que me preguntaba por que me gustaba verte reír, o por que razón me enfadaba cuando alguien te hacía llorar… por más cuestionamientos que me hice a mi mismo, siempre tenía la misma respuesta… aunque durante ese tiempo, la quise evitar… y tù misma viste lo que pasó por hacerlo-
-Y…- dijo entre susurros la joven -¿Cuál era la respuesta a evitar?-
-Te mueres por escucharla, verdad-
-Seguro…-
-Amor- dijo Jorge al tiempo en que tomaba una gran bocanada de aire –La respuesta que evadía con  mucho miedo, era ‘amor’-
-Tú también eres muy importante para mí-
Justo en ese momento, ambos jóvenes se encontraron con Karina, que también iba caminando por la pequeña callecita.
-Buenas noches- dijo ella.
-Buenas noches- contestaron los dos sin dejar que la sonrisa de sus rostros resultase opacada.
-Debe ser difícil para ella- dijo Ana un poco triste.
-Si… pero, creo que ni ella ni su hermana, se merecen la lastima de nadie-

Siguieron caminando por la tierna callecita empedrada, hablando como lo que habían sido hacia unos cuantos años: un par de adolescentes que resultaban ser buenos amigos. Estaban por llegar a la casa de Ana, cuando inesperadamente ella jaló fuertemente a Jorge, tomándolo de la mano al tiempo en que le pedía que la siguiera. Jorge aceptó sin dudarlo, y caminaron dos calles más, hasta que llegaron a una pequeña plaza comercial.
-Mira- dijo ella señalando una cabina fotográfica llena de luces multicolores –Tomémonos una-
Entraron en la cabina, y se tomaron una fotografía, sonrieron después de recibir las fotografías, dándose cuenta de que las fotos venían en un pequeño paquete de 12 imágenes, entonces las repartieron, de modo que cada quien se quedara con la mitad del paquete. Caminaron  nuevamente hasta donde se encontraba el camino de la callecita empedrada, cuando Ana observó una pequeña máquina de peluches.
-¡Qué lindo!-
-¿Lo quieres?-
-Sí… pero-
-Entonces… lo ganaré para ti-
Jorge jugó con todo el dinero que le quedaba, pero aún así, no logró sacar el peluche de felpa que Ana había visto. Se retiraron del lugar; él agachando la cabeza, y ella sin parar de reír.
-Vamos, quita esa cara Jorge-
-Un chico debería ser capaz de atrapar a un peluche para su ‘novia’… aunque me basta con haber pasado toda esta tarde contigo-
Finalmente llegaron a la casa de Ana. Ella entró, y Jorge volvió sonriendo a su casa. Regresó a su casa caminando por la calle de siempre, cuando inesperadamente se encontró con Karina. Su rostro sombrío y su voz débil se encontraron con el rostro del joven. Un rostro que brillaba aún en mitad de la noche.
-¿Vienes de la casa de ella?- preguntó la chica quebradamente pero sin vacilar.
-No tengo por que darte explicaciones-
-Supongo que tienes razón, después de todo tú y yo…-
-Tú y yo, nunca tuvimos nada que ver; que te quede claro-

En ese instante, Jorge siguió con su camino; no sin antes recordar la imagen de Karina frente a él, en aquél amargo día… el día en que cometió lo que èl catalogaba como el peor error de su corta vida. El día del funeral de las victimas de los atentados del 6 de mayo de Valle del Rey. El día del funeral de Lucía.




“Creyendo en sus palabras… siento que el mundo es verdaderamente mío”

 

julio 09, 2011

LIBRO 1 Capitulo 5

5. FELICIDAD



-“Desde que me fui las cosas cambiaron… yo cambie, mis sentimientos cambiaron… todo, todo cambio”- pensaba Ana, mientras permanecía sentada en su pupitre. Se encontraban en cambio de hora. La hora siguiente les tocaba Matemáticas, y el profesor llegaba siempre tarde.
-Buenos días- dijo el maestro al entrar.
-Buenos días- contestó el grupo al unísono.
-Bien- dijo el maestro al tiempo en que sacaba unas cuantas hojas de su maletín –El día de hoy tendremos un examen, así que guarden sus cosas y dejen solamente un lápiz-
-Lo que faltaba- agregó Jorge.
-De seguro que reprobaremos- dijo David con tono de burla.
El examen duro cerca de 20 minutos, y al mismo tiempo en que los alumnos terminaban el examen, el profesor se los revisaba al instante. La mayoría de los resultados fueron terribles. La hora finalmente terminó, y como la hora siguiente era de descanso, Ana decidió subir por un rato a la terraza del edificio.
-Un 6 no esta mal, ¿o sí?- se preguntó a ella misma -Necesito cambiar de aire… literalmente debería hacerlo… ¡Uf!, Daniel me matará cuando vea este examen...-
-¿Hablas sola?- preguntó Jorge, quien se encontraba sentado al  lado de la chica.
-Que te importa… además ¿Qué haces tú aquí?-
-Lo mismo que tú… pensaba, solo que yo lo hago en voz baja-
-Tonto… da igual, solo lárgate-
-Valla, si que cambiaste cuando te fuiste… ahora eres mucho mas agresiva-
-¡Cállate!... Jorge, sé que te prometí que nunca me iría de tu lado…pero…-
-No digas nada… por ahora solo deja el pasado atrás-
-No, tienes derecho a saber la verdad; cuando yo me fui, muchas cosas pasaron, por esta razón, dejé de hablar con todos ustedes… aunque trataba de comunicarme, siempre había algo que me lo impedía… y cuando lo hacía tú nunca te encontrabas en casa- en ese instante los ojos de la chica comenzaron a cristalizarse –Pero… en el transcurso de esos 2 años, yo perdí a mi madre… ella murió durante los atentados del verano pasado…-
Jorge al escucharla, bajó su mirada. Se encontraba realmente atónito ante lo que acababa de escuchar. Ahora comprendía que aquellos atentados del verano pasado habían destruido las vidas de miles de personas. Un atentado civil que nunca se olvidaría en Minago, en Montenegro, en Valle del Rey.
-Lo siento…-
-Yo también lo siento tanto… esa mañana parecía ser normal, y era normal, fui a la secundaria, mi hermano a la universidad, mamá y Michael fueron a trabajar como si fuese un día normal… pero al medio día, mamá salió temprano de trabajar, no llamó a Michael, así que decidió caminar por aquella avenida…-
-Déjalo… no hables más si eso te lastima- dijo el joven intentado consolar a la chica -Ana… ¿En verdad quieres a alguien como yo?-
La joven estaba a punto de contestar, cuando en ese momento, David subió a la terraza.
-Jorge- dijo el aludido–Más vale que te escondas en otro lugar, por que Irma te está buscando, y creo que viene para acá…-
-Entonces- contestó Jorge sonriendo –Lo mejor será esconderme-
Ana se quedo callada. ¿Cómo era que Jorge de un momento a otro cambiara totalmente de tema?
-“Es tan inmaduro… sigue siendo el mismo Jorge que yo conocí… pero aún me quedan algunas preguntas que tengo que responder”-
Justo en ese instante, se escuchó aquel rechinido que emitía la puerta de la azotea cada vez que se abría. Era Irma, una chica algo morena, de grandes ojos color café, y cabello negro un poco largo.
-¡Jorge!- exclamó al entrar -¡Por fin te encontré!-
-No está aquí-
-Que pena… bueno entonces seguiré buscando-
-¿Por qué lo buscas?-
-Por que quiero convertirme en segunda novia… que lástima que no haya podido ser la primera… después de todo, Lucía me ganó el puesto… pero bueno-
-Tú- dijo Ana al tiempo en que abría la puerta de la azotea –No sabes nada, así que te aconsejo que dejes de buscarle, por que él ya tiene novia-
-Que más da… después de todo, Jorge puede querer hacer lo mismo que le hicieron, ¿o no?-
Ana bajó las escaleras lentamente. ¿Por qué todo el mundo en esa preparatoria conocía tan bien a Lucía? ¿Qué era lo que realmente la había hecho tan popular? ¿Por qué había muerto ese verano de la misma manera en que había muerto su madre?
Bueno, al menos la respuesta a la última pregunta era muy fácil de obtener: el destino había querido que ella muriera de esa forma.
Pero a excepción de esa pregunta, las otras dos eran las mas importantes que Ana se hacía a sí misma.
-Te buscaba- dijo Jorge al tiempo en que se encontró con ella en las escaleras.
-¿Qué pasa?-
-Bueno… me acabo de enterar que esta noche habrá una lluvia de estrellas… y pues quería saber si tú- dijo entre frases el chico, que se encontraba ya un poco nervioso. Estaba por terminar de hablar cuando en ese instante, llegó Wiin, otra amiga de ambos jóvenes, quien se interpuso también en la plática.
-Nos vemos- dijo el chico casi susurrando.

El día pasó demasiado rápido, y aunque tuvieron oportunidad de seguir con su plática, Jorge no volvió a hablar con Ana sobre el tema de la lluvia de estrellas, puesto que estaba realmente indeciso sobre invitarla o no.
Ana vivía en una urbanización privada, a las orillas del mar, por lo que para volver a su casa, tenía que tomar un camino diferente al de Jorge y al de la mayoría de sus compañeros de clase. Tomaba, regularmente un pequeño camino empedrado, que estaba rodeado de grandes árboles. Era silencioso y a la vez relajante pasear por ahí.
-¿Qué quería decirme?- se preguntó Ana a sí misma en voz alta.
Estaba tan concentrada en sus propios pensamientos que nunca se dio cuenta de que alguien la seguía, sino hasta que la extraña persona le tapó los ojos, al mismo tiempo en que reía.
-¿Quién soy?-
-No… no lo sé-
-¡Soy yo!- agregó Jorge al tiempo en que le destapaba los ojos.
-¡Eres un idiota!- exclamó ella furiosa tratando de recuperar el aliento -¡Pensé que era alguien que me quería asaltar!-
-Si, quizás sea un idiota…pero al menos a mí no me sorprenden por detrás-
-Tonto… a todo esto, ¿Por qué me sigues?-
-No quiero que te pase nada malo… ¿Ya no vives en el lugar de antes?-
-No… verás, cuando mi madre murió, mi hermano encontró las escrituras de una casa en un sector habitacional al este de la ciudad, así que decidimos mudarnos ahí-
-Ya veo… oye, esta tarde quería invitarte a que vieras la lluvia de estrellas junto conmigo-
Ana se detuvo al escuchar la invitación. ¿Qué demonios había sucedido para que las cosas cambiaran así tan de repente?
La joven dudó por un momento, pero finalmente terminó accediendo.
-Y por que tan de repente-
-No lo sé- contestó Jorge tratando de romper la extraña atmosfera que se había creado entre ellos –Creo que me resulta mucho mas fácil hablar contigo, que con la mayoría de las chicas-
-Desde que paso eso, ¿cierto?-
-¿Eso?-
-Si, lo de Lucía-
-¿Quién te lo dijo?-
-Nunca pasas desapercibido…-
-Ella también murió el día de los atentados-
-Lo siento… sé que la quisiste mucho-
-Prefiero no hablar de eso…-
-Vamos a ver la lluvia de estrellas - contesto ella mientras comenzaba a  caminar–Veámosla en mi casa-
Jorge comenzó andar también al lado de la chica. Ninguno de los dos hablaba, así que el único sonido que era posible escuchar, era el de sus propias pisadas, las cuales rompían las pequeñas hojas de los árboles, que, en esos días, habían comenzado ya a caer. Definitivamente, esa era la muestra más grande de que el otoño ya había dado comienzo. Caminaron en silencio cerca de 10 minutos.
-¡Llegamos!- exclamó Ana al pararse frente a una gran casa, la cuál contaba con una pequeña fuente, una amplia cochera y un hermoso jardín; pero el mayor atractivo de esa zona residencial, lo tenía precisamente esa casa: la preciosa vista al mar.
-¿Es tu casa?-
-Si… es un poco grande, ¿verdad?-
Jorge asintió con la cabeza, estaba tan impresionado, que terminó comparando la antigua casa de la chica con esa enorme mansión. Ana lo invitó a pasar.
La casa era realmente más alucinante por dentro que por fuera. Tenía 4 habitaciones, cada habitación contaba con baño propio, las cuales se encontraban en la planta alta. En la planta baja había un pequeño recibidor, una gran sala con vista al mar, una cocina algo grande, un comedor para 10 personas; mientras que en el sótano había una gran biblioteca, la cual contaba con su propio estudio, y un pequeño cuarto de juegos.
-¿Puedo preguntar algo?- dijo Jorge al sentarse en el sofá principal de la casa. Su quijada cayó al suelo al ver el gran ventanal con vista al mar.
-Claro-
-¿Cómo compraron esta casa tan bonita?-
-Nos dimos cuenta de la existencia de esta casa, cuando mi mama murió… al parecer ella y mi padre biológico, compraron esta casa cuando mi hermano nació…bajemos-
-¿Bajar?-
-Si, tendremos una vista mejor si vemos la lluvia de estrellas desde la playa-
-Esto es genial-
-¡Vamos!- exclamó Ana al tiempo en que habría la puerta corrediza de la cocina –Si, bueno… no se compara en nada a tu pequeña casita, ¿o si?-
-Deja de ser tan presumida…veo que no te has vuelto nada humilde, ¿Verdad, señorita 6 de matemáticas?-
-Oye… fue un examen sorpresa-
-Si claro…-
-Además, tú 5 no fue mejor que mí 6-
Jorge se puso de pie, cuando notó que al lado de una pequeña estatua de un ángel, se encontraba la foto que él le había dado el día en que Ana se había ido de Valle del Rey.
-¿Aún tienes esa foto?- preguntó al tiempo en que se acercaba a verla más detalladamente.
-Si… nunca voy a olvidarme de eso-
-¿Sabes?... cuando te fuiste, yo conocí a Lucía, una chica con un carácter y una voz muy parecida a la tuya, cuando la conocí, ella tenía un novio que siempre la golpeaba, pero que aún así Lucía le quería mucho… tiempo después de que los dos comenzamos a ser amigos, ella abandonó al tipo, y se convirtió en mi novia… yo realmente la llegué a querer mucho-

En el momento en que Ana lo escucho, ambos se dieron cuenta de que la lluvia de estrellas comenzaría en cualquier momento, así que bajaron a la costa y se sentaron en la playa. La luna llena del mes de septiembre, comenzó a visualizarse a lo largo de toda la costa. Una suave brisa toco sus rostros juveniles.
-“Puede que pienses que a nadie le importas, pero quiero que sepas una cosa: siempre serás la persona más importante para mí”- pensó Ana al tiempo en que tomaba asiento sobre la blanca arena de la playa –“Diciendo cosas como esas… pareceré una tonta, lo mejor es dejar que el silencio limpie los recuerdos de los dos”-
-Me alegra estar aquí-
-Eres mi mejor amigo… siempre has sido-
Jorge, miró la luna llena y guardó silencio. Ana agachó la mirada, pues pensó que tal vez aquellas últimas palabras que ella había pronunciado, habían removido aún más los sentimientos de Jorge.
Justo en ese instante, la lluvia de estrellas comenzó a vislumbrarse sobre el cielo. El gran espectáculo nocturno había dado comienzo. A lo lejos, se lograba divisar las siluetas de miles de personas que se encontraban del otro lado de la costa.
Ana subió la mirada para así poder disfrutar del gran espectáculo. Jorge volteó su rostro hacia donde Ana se encontraba y la observó fijamente. En ese momento, su corazón finalmente se decidió.
-¡Impresionante!-
-Te impresiona cualquier cosa, ¿eh?-
-Déjame en paz… aún así me gustan este tipo de cosas-
-Ana- dijo él mientras tocaba la punta de los dedos de la joven –Escúchame bien por que solo lo diré una vez… Te quiero-
Ana miró al chico fijamente sin saber que responder; la lluvia de estrellas estaba en todo su apogeo. Ninguno de los dos podía creer lo que estaba pasando en esos momentos. Ana se encontraba atónita ante aquella revelación sumamente imprevista. La chica se puso de pie, y él con ella. Todo parecía ser más que perfecto. La marea había subido a al punto que ahora podía tocar los pies descalzos de los jóvenes. La frescura de los corazones adolescentes, con un solo palpitar, era mas que perfecta para ese angelical momento.
Ana se acercó lentamente a él, y Jorge por su parte, tomó suavemente las dos manos de ella. Sus corazones comenzaron a latir rápidamente, y finalmente los labios de ambos jóvenes se encontraron. Parecía que era un hermoso sueño, pero no lo era, era la realidad más real que ambos habían vivido durante toda su vida.
Aún más tierno que aquel primer beso, aún más sincero que aquel sentimiento de amistad. Nada dejaba lugar a la duda. No había nada entre ellos.
La luna que crecía al fondo del ocaso, era igual de hermosa que la luz que emanaban aquellas dos personas. Por que el aquel entonces, en los juveniles corazones, el amor solo se podía escribir con una sola tinta: con la tinta de la felicidad. Ninguna fuerza podía contra aquel torbellino de sentimientos y emociones que arrancaba cualquier sentimiento que no fuese de amor. Un beso que duro una fracción de segundo pero que al mismo tiempo duro una eternidad.